Internet y la falta de empatía

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15 noviembre, 2011

Entendemos por empatía la identificación con el estado de ánimo del prójimo, o lo que habitualmente entendemos por ponerse en el lugar de los demás. El admirado Antonio Damasio, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación Científica y Técnica 2005, experto en el estudio de las bases neuronales de las emociones, entiende que Internet -y por extensión las TIC’s- reduce la empatía entre las personas que navegan.

¡Ojo! Damasio no es un enemigo de las nuevas tecnologías, de hecho, aclara que Internet y los dispositivos electrónicos son muy eficientes para la educación, la comunicación y los negocios. Lo que pretendió recientemente con sus declaraciones fue advertir de que al haber menos relación natural entre las personas, se reduce la empatía, la cual para darse de forma conveniente, debe conllevar un cara a cara y la opción de contacto físico.

Creemos en Kinewa sobre las relaciones en Internet que ocurre como con tantos y tantos aspectos de la vida: que en exceso no son positivas. No ocurriendo ese exceso, defendemos Internet como complemento a las relaciones convencionales. Defendemos la comunicación online cuando se trata de un chateo que acaba en una cita para tomar una copa o ir al cine; cuando facilita la labor de reunión de un grupo; cuando posibilita una ayuda inmediata a un amigo que nos requiere; cuando la distancia no hace posible un encuentro físico… y así tantos y tantos casos.

Cuando Internet tiene que ver con una disminución de la empatía, no creemos que haya que considerarlo un causante directo, sino un agente que refuerza dicha pérdida, sí siendo causante directo otro tipo de factores como una falta de afecto y comunicación de los padres hacia el menor que acaba buscando refugio en el ordenador, o un cúmulo de malas experiencias sociales y/o un déficit en las habilidades comunicativas en el caso de un adulto.

Como siempre, recomendamos entender este canal desde un punto de vista tecnológico y funcional, posteriormente, comprender la proyección del mismo, y finalmente, educación, educación y más educación, sobre todo en el caso de los más jóvenes. No vale demonizar Internet sin saber qué es una red social. Por lo demás, caben las mismas advertencias y recomendaciones que nos daban nuestros padres antes de salir a la calle cuando Internet no estaba en la mente de nadie.

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